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La Argallada

Periódico de Alvaro Aenlle


(c) José Manuel Rivera

Fotografía de Álvaro Aenlle obtenida del Libro "San Tirso de Abres en imágenes"


*Texto del artículo publicado por Armando LOPEZ ROCA en La Nueva España

Aguas arriba, en San Tirso de Abres, un 15 de octubre de 1917 vería la luz el periódico mensual «La Argallada». Habían pasado sólo dos años desde la fundación del Partido Reformista de Melquíades Álvarez, pero en el Occidente ya habían calado hondo las ideas del político gijonés. Encargado de la publicación y director de la misma fue Álvaro Aenlle (1880-1960), que fundaría el periódico tras su regreso de la experiencia migratoria en Cuba, donde colaboró asiduamente en la prensa de la época. Comerciante y secretario del Juzgado municipal, además de agente de seguros, es hoy recordado en su pueblo y la comarca del Eo por su finísima pluma y sus mordaces ataques a la oligarquía local. Satírico donde los hubiese, de estilo incisivo y en ocasiones casi cruel, sus columnas contra los políticos conservadores y caciques locales viven hoy completas en la memoria de nuestros mayores. Cada anécdota, cada cuestión de la vida cultural y económica local, era diseccionada y parodiada en las columnas de «La Argallada», que se imprimía en Ribadeo.

El nombre de la publicación fue tomado de un prado situado en la ribera del Eo donde los colaboradores del periódico se reunían a menudo en comidas campestres. En una de esas tertulias, en 1917, surgió el propósito de sacar adelante el proyecto editorial «para espolear», en palabras de Aenlle, «a un pueblo de mucho hablar y poco hacer».

La ironía de su pluma trajo en jaque a los valedores locales del conservador Navia Osorio y las denuncias de «La Argallada» sacaron a la luz un escándalo electoral ­en marzo de 1918­ de compra de votos por parte los conservadores. Ni vecinos ni amigos se libraron del humor inteligente de Álvaro Aenlle. La portada más famosa del periódico ­que era esperado con anhelo cada mes y tuvo suscriptores en Cuba y Argentina­ fue la del primer mes de 1920: por aquel entonces un vecino de San Tirso de Abres, brillante gaitero en el Centro Asturiano de La Habana, logró adquirir con sus ingresos un reloj de pulsera, tal vez el primero del concejo, y fue víctima del objetivo de un fotógrafo local, que le captó con evidentes deseos de mostrar su reloj mientras tocaba la gaita. La instantánea llegó en seguida a la dirección de «La Argallada», que la insertó en su portada con el siguiente pie: «Tengo una cita de amor de verdadero interés ¿haría usted el favor de decirme qué hora es?», frase que hubo de escuchar mil veces a su regreso el protagonista de la información gráfica.

La dictadura de Primo de Rivera marcaría el inicio del languidecer de la publicación, que un año más tarde dejaba de existir; pero aún hoy, en la lejanía del recuerdo, los escasos ejemplares de «La Argallada» que se conservan son un libro de estilo para la mordacidad y la ironía



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